
Hilde con secador, bicicleta y silla de Breuer
Al hacer un recorrido visual por el ambiente que nos rodea en este momento, nos daremos cuenta que la Bauhaus domina, desde principios del siglo XX, nuestra vida contemporánea.
Desde la computadora que usamos para “navegar” hasta el auto que nos transporta, todo en nuestra vida comenzó a tener una nueva estética desde que Walter Gropius, fundador, y sus colegas, cambiaron para siempre la forma de ver el diseño hace 90 años.
“La casa de la construcción”, traducción al español del alemán Bauhaus, inició la fusión de diferentes fuentes creativas y dio como origen disciplinas como el diseño y producción industrial.
Bajo el lema “arte y técnica: una nueva unidad” se dio ese salto de la fabricación artesanal a un fundamento técnico que propició la producción en serie, uno de los principios sociales de esta Escuela para democratizar el consumo del arte y el mobiliario.
La experimentación con materiales comunes y más baratos como metal, vidrio y plywood moldeado generó innovaciones como la silla en ménsula Cesca de Mart Stam y Marcel Breuer, caracterizada por no poseer patas traseras.
Los muebles de tubo de acero, como los diseñados por Breuer, tienen como antecedente la madera curvada que Michael Thonet habia creado en 1830. El tubo de acero se convirtió a partir de 1925 en sinónimo de flexibilidad, funcionalidad, ligereza, elasticidad y ahorro de material. Antes de Stam y Breuer el tubo doblado no se había utilizado en muebles, pero era técnica común para fabricar bicicletas.
La silla Vasily, también obra de Breuer, representa una nueva actitud óptica: ligereza, transparencia y acento en la estructura. Como el mismo diseñador lo describió: “su masa no ocupa ningún espacio”.
A pesar de su intención, los muebles de tubo de acero originales nunca fueron productos de consumo baratos, sino más bien símbolos de un nivel de vida alto, propio de clases burguesas de la época.
El nuevo uso de materiales fue solo una variable para masificar los productos. Se creía que las formas básicas (círculo, triángulo y cuadrado) y su relación con los colores primarios (azul, amarillo y rojo) representaban un intento por convertirlos en elementos constructivos de objetos de uso cotidiano. La configuración se orientaba a la geometría elemental. La cuna de Peter Keler en 1922 representó el más claro ejemplo del juego geométrico entre estas formas y colores.
Otro factor resultante de la filosofía de producir diseño accesible a cualquier persona fue una estética de líneas limpias y sencillas en contraposición de la ornamentación excesiva, cuerpos ampulosos y expresivos de los muebles conocidos antes de 1919.
Aunque no se puede hablar de un “estilo Bauhaus”, debido a la diversidad de pensamientos de los integrantes originales esta Institución, si se puede decir que los cambios generados marcaron tendencias y muchos diseñadores actuales aplican sus enseñanzas en sus trabajos.
La silla .05 (2004) de Maarten Van Severen y la Visavis (1992) de Antonio Citterio son interpretaciones de la silla de Mart Stam de 1926. Tampoco podemos obviar la similitud del banco La Bohéme (2001) de Philippe Starck con el jarrón München de Wilhelm Wagenfeld de 1938.
Muchos de los productos Bauhaus originales se convirtieron en objetos de culto y fetiche para amantes del diseño. La lista de los más reeditados para fomentar el coleccionismo y la pasión incluyen las sillas Barcelona, Brno y la mesa de centro de Ludwig Mies van der Rohe. Algunas de estas piezas tienen precios que superan los 4.500 euros, una completa ironía si se compara con la premisa de crear obras accesibles sin distingo social. Tal vez a esto se refería el mismo Mies van der Rohe con su celebre frase “menos es más”.
This entry was posted on Tuesday, August 4th, 2009 at 3:46 pm and is filed under Sin categoría. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.