
Por Francisco Alvarado
En 1904 nació un loco genial. Un artista que trasciende el tiempo por medio de su imaginación plasmada en diferentes obras y técnicas de expresión. Cuatro letras de un hombre surrealista: Dalí. Este artista catalán dejó boquiabiertos a quienes trataron y tratan de entender las conexiones neurológicas que lo motivaron a crear cuadros tan transgresores.
Salvador Dalí fue un artista iconoclasta, cuya visión onírica no tenía límites. No se puede encasillar como pintor, ya que también se le conoce una faceta como diseñador de mobiliario.
Junto con Jean-Michel Frank, mueblista y decorador de reconocido prestigio en París, Dalí congenió para desarrollar varias ideas. En su óleo Femme à la tête rose, el catalán exploró el mundo del diseño del mueble. En esta obra, su conjunto de silla y mesa antropomorfas son protagonistas. Años después, Oscar Tusquets materializaría estas dos piezas del imaginario en la serie Leda.
Quizá la pieza más conocida parida de la mente de Salvador Dalí fue el famoso sofá-labios cuyo origen se remonta al collage Rostro, de Mae West (1934). El mecenas del artista, Edward James, le encargó cinco sofás, los cuales según las exigencias de Dalí debían llevar un tapizado de satén en el color del lápiz de labios de Mae West: un rosado vivo.
Dalí fue inspiración de dos de los diseñadores más importantes del siglo XX. Los esposos Ray y Charles Eames crearon en 1948 la silla La Chaise, cuya cuna fue la “International Competition for Low-Cost Furniture Design”, realizada en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). Dicha pieza denota analogías con elementos esculturales de cuadros de Dalí, tales como El sueño (1937) y más evidentemente Vestigios atávicos después de la lluvia (1934).
La forma orgánica de La Chaise está inspirada en La Figura Flotante, famosa escultura que Gaston Lachaise creó en 1927.
Al igual que la pareja Eames, otros diseñadores han desarrollado obras que son difíciles de distinguir entre arte y mobiliario como tal. El WW Stool, de Philippe Starck, podría fácilmente ser ubicada en una estancia y ser confundida con una escultura. Esta ocurrencia de Starck fue diseñada para un set que utilizó el director cinematográfico Wim Wenders.
De la pintura, la escultura, el cine y otras ramas del arte, el diseño industrial se nutre para confundir nuestra realidad y llevarnos a sueños fantásticos.

Gaston Lachaise floating figure

Eames La chaise
vía : www.revistasucasa.com







Text and Graphics: Wolfgang Scheppe